Fernando Pisauri

Consultor co-propietario de IKIGAI, Coach Ontológico, Especializado en Programación Neurolinguística, Gestaltista en Desarrollo Personal y Organizacional, Consultor Sistémico Familiar y Organizacional, Posgrado en Neuromanagement, en Dirección de Marketing, Community Management y Marketing Digital, Contador y Magister en Derecho de la Integración Económica, Posgrado en Desarrollo Directivo, Director de la Tecnicatura en Comercialización Minorista, Titular Regular de la Cátedra de Comercialización Internacional y Facilitador de los Cursos de Coaching Profesional y Herramientas para la Gestión del Liderazgo Organizacional en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Morón. Profesor invitado y disertante en diversos congresos y cátedras de distintas entidades. 

En este día yo siento felicidad por poder estar compartiendo un nuevo artículo con mis lectores. Comienzo con la palabra sentir dado que este es el tema principal de esta propuesta, el  que nos animemos a sentir estando plenamente presentes con nuestro cuerpo y con menos cabeza. ¿Estamos con la propuesta? ¿Sienten interés por seguir leyendo? Espero que así sea. 

Generalmente cuando le preguntás a alguien ¿Cómo te sentís? y lo hacés en relación a una situación preocupante, la persona frecuentemente responderá: “Yo siento que esto debe ser hecho… Yo siento que es tiempo de que nuestros líderes hagan esto o lo otro… Yo siento que no tenemos esperanzas…” y así con todas las frases que se les puedan estar ocurriendo en este momento. ¿Ustedes? Sí, ustedes, no se me escapen ¿Se pescan hablando con el siento que?

La gente responde, por lo tanto, con un pensamiento, un concepto, un comentario, y no con un sentimiento. Sin embargo, la pregunta que propongo más arriba es una invitación a que las personas hagan contacto con sus sentimientos, con sus sensaciones. Lo que nos sucede habitualmente, es que estamos convencidos de que respondemos con sentimientos por el solo hecho de comenzar la frase con “yo siento que…”

Se trata de antiguos hábitos de pensamiento más que de sentir, de un reflejo milenario donde las buenas nuevas son que éstos pueden evitarse y controlarse. 

Entonces, toda vez que queramos estar obteniendo más información sobre nosotros mismos, sobre lo que estamos vivenciando en conexión con un hecho, es fundamental que conectemos con nuestros sentimientos utilizando lenguaje más asertivo y que es del tipo: “Yo siento preocupación, tristeza, alegría, etc.” En mi último artículo me referí bastante al tema de las necesidades. ¿Se acuerdan del patrón? Observo una situación, le expreso a la persona lo que siento respecto a estos hechos, los conecto con una necesidad que se me hace figura a partir de lo que estoy observando y luego hago un pedido acorde. Esta es la fórmula para la Comunicación No Violenta. ¿A qué me refiero? Pues a que si hablamos desde nuestros sentimientos y sensaciones vamos a estar identificando nuestras necesidades con mucha más facilidad. Y ¿Cuál es una de las ventajas más sobresalientes de esta forma de comunicarnos? Sucede, que si así lo estamos haciendo, entonces podemos contactar y vincularnos con nosotros mismos y con las personas sin juzgar, sin criticar, y por sobre todas las cosas evitando descargar en los demás la responsabilidad de lo que estamos vivenciando. ¿Qué les parece el estar siendo capaces de distinguir entre las palabras que implican una interpretación o un juicio de lo que otro ha dicho o hecho en comparación con las que no lo son? 

Si realmente estas dispuesto a asumir la responsabilidad por tus dichos y por tus acciones, entonces toda frase es esperable que comience con “yo”. Por ejemplo, “Yo me siento traicionado, abandonado, manipulado, rechazado”. Sin embargo, en estas frases tenemos un detalle bastante notorio. ¿Te das cuenta de cuál es? Te lo cuento, todas estas frases expresan una convicción con respecto a la otra parte dado que estamos refiriéndonos a alguien que traiciona, abandona, manipula, rechaza, etc.; tu me traicionaste, me abandonaste, me manipulaste, me rechazaste… ¿Lo están viendo? Entonces sería como estar dando a entender que la otra persona tiene la culpa por como se siente el confesor. Entonces esta confesión pasa a ser un velo que cubre la excusa para hacer sentir culpable al otro. 

Hay dos beneficios de distinguir entre los sentimientos verdaderos de aquellos que constituyen una interpretación. 

El primero de ellos es el deseo genuino de construir un camino hacia nosotros mismos que sea lo más seguro posible, optando por dejar de lado a los escenarios donde somos víctimas o acusadores. Cuanto más libre, sensato, fresco, liberado de acusaciones a terceros sea nuestro lenguajear, se potencian las chances de que cambiemos nuestro observador, de invitar al darnos cuenta, a tomar conciencia de nuestras necesidades y valores.

Propongo un ejemplo de diálogo sentipensante, a ver si les va haciendo sentido.

Matías llega a casa de su jornada laboral alrededor de las 19Hs. Regularmente la escena con su pareja es la misma. El se queja acerca de su relación con Laura. 

Siempre me siento manipulado por Laura”

Su terapeuta le pregunta en una ocasión: “Matías, ¿me podrías decir lo que observás cuando experimentás esta percepción de estar siendo manipulado?”

“Ella me dice que yo nunca la entiendo. Francamente, creo estar llegando a la conclusión de que no estamos hechos el uno para el otro”. 

“Si pudieras prestar atención al sentimiento que está vivo detrás de esta percepción de manipulación ¿Qué es lo que estarías sintiendo?”

“Enojo. Fatiga. Percibo que siempre soy yo el que tiene que entender- siempre yo el que la tiene que entender a ella- de otra forma, soy un inútil. De hecho, sólo valgo ante sus ojos cuando la entiendo”. 

“Y si escuchas a las necesidades que el enojo y la fatiga invocan, qué te está viniendo a la mente?”

“Necesidad de respeto. Repeto por mí mismo, la necesidad de ser aceptado como soy y no como ella quiere que yo sea”. 

“¿Ya experimentaste estas sensaciones antes? ¿El no ser aceptado por quien estás siendo?”. 

“Pues claro, es como estar frente a mi madre, en mi juicio, siendo acusado injustamente, ambas defensoras de que mi identidad, quien soy yo, no valga, carezca de reconocimiento”. 

“Y cuando te escuchas diciendo esto ¿Qué sientes?”

“Cansancio y desilusión” 

“Y estos sentimientos de Cansancio y desilusión no estarían mostrándote que tenés necesidad de aceptar quien sos, hacer más espacio para vos mismo, permitirte vivir tu propia identidad más plenamente?”

(Movilizado) “Precisamente”

“Si estos sentimientos de fatiga y desilusión te resuenan, te sugiero que los digas nuevamente en voz alta para darte la oportunidad de tomarlos, hacerlos tuyos, vivenciarlos desde dentro”. 

Luego de un de silencio. “Ok, necesito aceptarme a mi mismo, para darme más espacio, y permitirme vivir mi propia identidad plenamente”. 

Ahora te pregunto a vos que estás leyendo este artículo ¿De qué te das cuenta? 

¡Qué difícil que es hacer contacto con nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, ponerlos en palabras y encima que estas palabras respondan a nuestras necesidades no! ¡Incluso el darnos cuenta de que a veces nuestras necesidades pueden no ser las de los demás! 

He aquí  el segundo beneficio que viene del animarnos a reconocer nuestros verdaderos sentimientos. Ahora es un reconocer de los sentimientos y las necesidades en donde me hago responsable por lo que siento, pienso, digo y hago sin victimizarme frente al otro. Yo no me siento manipulado, sino que atrás de esa manipulación que percibo hay un sentimiento que bien podría ser el enojo que es lo que sí verdaderamente estoy sintiendo. Entonces, puedo decir y decirme: “Yo siento enojo”debido a…”  y de esta forma no estoy cargando con la culpa a terceros sino que tomo posesión de mis propias sensaciones, sentimientos, necesidades. ¿Estoy siendo claro? ¿Qué te parece hasta aquí? ¿Menuda empresa la que te propongo no?

Comparto aquí un texto que me hizo bastante sentido:

En una obra de teatro en Montreal en 1999 decían: “Cuando escuchas que la tribu vecina se ha levantado en armas contra la tuya, tienes tres posibilidades y sólo tres: Escapar cuan pronto como te sea posible; levantarte en armas y defender tu territorio y a tu pueblo; o marchar hacia la armada de la tribu beligerante desarmado y con la esperanza de que se abrazarán en el encuentro en un diálogo conciliatorio. 

La misma opción tenemos en nuestros vínculos maritales, de familia, conflictos escolares, en la organización con nuestros colegas de trabajo, en disputas técnicas, religiosas, políticas, económicas, etc. Pelear, escapar o conectarnos con la otra parte de la manera más ecológica y funcional que estemos pudiendo dadas las circunstancias. Las circunstancias aquí suelen ser el síntoma de un fenómeno mucho mayor, de una realidad más amplia. 

Si bien, conectar con los demás con escucha activa no es una tarea fácil, es un deseo innato de nosotros como seres humanos el estar conectando con cada legítimo otro. Es una cuestión de práctica constante. Dicen, los neurocientíficos que para alcanzar maestría en algo, por ejemplo, en el arte de tocar el violín, se necesitan diez mil horas de práctica intensiva. ¿Qué les parece si las usamos para aprender a conectarnos con maestría? Es como aprender un nuevo idioma. 

La invitación es a devenir, a transformarnos en personas sentipensantes que estemos dando cabida a las sensaciones corporales, a nuestros sentimientos y a nuestras necesidades. Y repito las bases de la comunicación no violenta aunque peque de repetitivo: (i) Observo la situación, especialmente los hechos, (ii) Tomo conciencia de lo que siento (evitar el siento que), (iii) Expreso mis necesidades y, finalmente (iv) Hago un pedido. Siempre Sentipensantemente, sin darle rienda suelta a la mona loca de nuestra mente, identificando lo que necesitamos sin proyectarlo en los demás. 

En este artículo de muchos compartires, también les traigo la Oración Gestáltica, la cual conocí de manos de mi Ex-profesora de Gestalt 3 durante mi proceso de formación en Enfoque Gestáltico. A ver cómo les sienta. 

Yo soy yo y tu eres tu

Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y,

Tu no estas en este mundo para cumplir las mías.

Tu eres tu y yo soy yo.

Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,

y coincidimos, es hermoso.

Sino, pocas cosas tenemos que hacer juntos.

Tu eres tu y yo soy yo”

(Fritz Perls)

¿Qué les pareció? De nuevo ¿De qué se dan cuenta? Cierro mi participación por hoy dejándoles esta reflexión y espero que les ayude a ser cada día más SentiPensantes, apostando porque el sentir tome protagonismo sobre el pensar, siendo ambos socios estratégicos en el camino de la vida. 

Nos estamos leyendo.

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