El Ego no forma parte del vocabulario habitual de la psicología, se habla más bien de la autoestima, que define el conjunto de maneras de considerarse y tratarse a uno mismo. 

 

 

Hoy elijo escribir abordando este pequeño gran tema que es el EGO y sus manifestaciones en las organizaciones. Ante todo, comparto que desde IKIGAI tomamos una definición gestáltica de la organización que la define como empresa viviente integrada por grupos de personas que le dan vida. Es decir, la organización, su visión, misión, valores y objetivos respiran al ritmo de la inhalación  y exhalación de las personas que la integran. Es por ello, que es tan significativo que las personas puedan estar siempre alineando su leyenda personal, su visión, misión y valores individuales con los de las empresas en las que trabajan. Justamente, tomando esta propuesta de definición sustancialmente humana, las organizaciones adolecen de las necesidades de los seres humanos, de sus neurosis, siendo un punto que quiero traer hoy día el del EGO.

Metiéndonos de lleno en el tema, podemos abordar al ego como el perder la inocencia, mirándonos al ombligo, apagándonos a la imagen de nosotros mismos, entregándonos a un montón de etiquetas y de ilusiones, aislándonos de la realidad para querer ser el centro del mundo, reivindicando una independencia absoluta. 

En las organizaciones del Mundo en Tiempo Real y que empiezan a estar pobladas, dotadas de vida por la Generación Milenaria, pensemos en los efectos negativos que tamaño nivel de individualismo pueden acarrear. Presento el tema del Mundo en Tiempo Real porque en estos tiempos que estamos habitando, la invitación es a darnos cuenta de que el mundo sigue andando y quizás a paso cada vez más rápido. El mundo se está transformando en una liebre bien alimentada fanática del running, mientras que las personas y las organizaciones se tornan en muchos oportunidades en tortugas flacas y lentas. En este mundo en tiempo real, es importante que las personas podamos tener presentes nuestros vínculos con:

  • Nosotros mismos
  • Las personas, los grupos
  • Las circunstancias
  • El tiempo
  • Lo que está más allá de nuestra comprensión, la dimensión espiritual

y además, hablamos de que una tercera parte o más de la población que habita a las organizaciones de esta segunda década del nuevo milenio está representada por exponentes de la generación Milenaria, personas de menos de 35 años con distinciones bien diferentes a las de las otras cohortes con las cuales comparten el espacio. Me refiero a que son mucho más colaborativos, cooperativos, alineados con sus aspiraciones individuales y que hagan sentido en el grupo, exploradores, buscadores de disfrute y calidad de vida, etc. ¿Cómo hacer para que estos jóvenes trabajadores nos ayuden conjuntamente con las otras cohortes presentes, léase, baby boomers y generación x a crear verdaderos entornos de trabajo que sean  armónicos, de disfrute, de creación de valor para toda la cadena de valor?. Pues una forma es enfocarnos en trabajar el EGO, precursor del individualismo tan característico de las sociedades occidentales en cuanto  su potencia.

Volviendo a la temática central, ¡cuando hablamos de ego nos referimos a una tendencia casi congénita al narcisismo que nos provoca unos conflictos tremendos! Se nos exiliamos de lo más profundo de nuestro interior, si nos encerramos en representaciones mentales, si siempre interpretamos un papel ¿cómo podemos acceder a la auténtica alegría? ¿cómo podemos nutrir, iluminar, animar a las organizaciones con esta energía?

Una propuesta, es que los equipos de trabajo cuenten con coaches, facilitadores, coordinadores, guías, supervisores, gerentes que los ayuden a no aferrarse a ideas individuales, que trabajen sobre el ser grupal, colectivo dejando de lado el apego individual a lo que cada quien cree ser, todo lo cual es precursor del sufrimiento. Esta propuesta continúa sugiriendo actividades que inviten a las personas a estar más atentas a sus colegas de trabajo, a las necesidades que se van haciendo figura en el grupo, abandonando la lógica del yo primero, luego yo y después yo. El buen facilitador colabora para  identificar las conductas que ponen a los individuos en el centro con una visión utilitarista del otro. El objetivo es no pasar por delante de los otros, no otorgarse privilegios sobre todos los seres animados. ¡Tamaña tarea!

Para ello hay un sinnúmero de actividades y de enfoques variopintos desde los que podemos estar abordando dinámicas de trabajo en equipo, de colaboración, integración, de co-creación de sentido colectivo.

Una forma de trabajar con el ego es cultivando el sentimiento de pertenencia y de fraternidad con los demás lo cual es beneficioso para la autoestima de los individuos. Trabajar sobre estos aspectos de los cuales el de la pertenencia es incluso una ley sistémica (todos queremos pertenecer a nuestro sistemas) proporciona seguridad y tranquilidad. Por el contrario, el deseo de dominación produce inseguridad, temor y agotamiento, succiona a los equipos de trabajo y las organizaciones de su energía vital, las desvía de su visión y misión, de su IKIGAI. Los occidentales muchas veces caemos en la tentación de creer, de contarnos a modo de historia personal que debemos ser admirados para que los demás nos acepten. 

El Ego es una mal necesario, como un vehículo de alquiler. Lo necesitamos para ir por la vida, al igual que necesitamos un medio de locomoción. 

En este mundo en tiempo real que es VICA, Vulnerable, Incierto, Complejo y Ambiguo las nuevas generaciones vibran en una sintonía de relaciones horizontales y no verticales, y renuncian a estas historias de dominación porque tienen un alto coste emocional. El narcisismo, las obsesiones de dominación, de reconocimiento y de sumisión por parte de los demás crean el caldo de cultivo para que surjan personalidades inseguras, con elevados niveles de estrés y ansiedad, tensión y crispación, al igual que ocurre con las persona que adolecen de autoestima.

El Ego es un mal necesario, como un vehículo de alquiler, Lo necesitamos para ir por la vida, al igual que necesitamos un medio de locomoción para desplazarnos de un lugar a otro. El ego nos protege, y es necesario para interactuar con el entorno, nutre nuestra frontera de contacto visual, auditivo, gustativo, táctil, verbal, etc. En las rutas de la vida, hay transportes más contaminantes que otros: grandes todo terrenos que consumen mucho combustible, que quieren que los miren y les cedan el paso y, por otro lado, transportes más pequeños que cual bicicletas son ecológicas y más silenciosas. Necesitamos del ego en dosis homeopáticas, de tal forma que contamine lo mínimo indispensable reduciendo los costos para nosotros mismos y las empresas, en términos de energía, atención y mantenimiento.

Tampoco podemos esperar liberarnos del ego a partir de monospreciarlo, expresarle desagrado. Altos niveles de ego nos hablan de personas obsesionadas e irritadas consigo mismas, apegadas con una determinada forma de contarse su historia personal.

¿Qué aprendimos hasta ahora?

Pues, que el ego es un mal necesario, que nos permite subsistir a las personas y a las organizaciones en este mundo en tiempo real que es vulnerable, incierto, complejo y ambiguo. Más es importante y de mucho sentido para todas las personas y especialmente para los más jóvenes que en estas organizaciones que respiran, hagamos dinámicas que unan a la gente, que debiliten, adormezcan el ego en pos de desarrollar el placer por el trabajo en equipo, por el respeto a los colegas como legítimos otros, condimentando este cóctel con distinciones para desarrollar la escucha activa y el interés genuino en co-construir alineados con la visión, misión y valores de la empresa. Para ello es fundamental trabajar permanentemente sobre la coherencia, cohesión e integración de las personas. Cuanto más armónica esté siendo la vida de una persona y de los grupos en las empresas, esto se contagia por efecto dominó a todos los espacios y se refleja al final del día en la rentabilidad. No es tan importante muchas veces el objetivo como sí lo es el proceso, el cómo. Quienes estamos especializados en tecnologías del comportamiento humano y la comunicación, creemos en el qué, el cómo, el quien y el para qué, dándole mucha importancia a los procesos y las personas.

Espero que los artículos que compartimos sean generadores de sentido, que inviten a que cada día seamos personas más sentipensantes en donde el sentir y el pensar están en equilibrio y por sobre todas las cosas que estén transitando individualmente, en los grupos que integran y en las empresas humanas armoniosos días hacia el fin del 2016 y feliz comienzo del nuevo año. Nos seguimos leyendo y estamos a disposición a través de los medios de comunicación disponibles en nuestra página web y las redes sociales.

 

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